Los viajeros románticos

Ronda vive el siglo XIX en su aislamiento serrano hasta que los viajeros extranjeros la descubren en pleno auge del movimiento romántico. El bandolerismo y el contrabando estuvieron favorecidos desde siempre por su escarpada geografía, y alimentado por las circunstancias derivadas de la Guerra de Independencia contra los ejércitos franceses.

Merimée, Ford, Gautier, Davillier, los dibujos de Lewis, Roberts, Blanchard o Doré convierten a Andalucía en general, y a Ronda en particular, en una estampa, en la que se dan la mano el bandolero, la maja serrana y el torero valiente.

Grabado anónimo - Museo del BandoleroEn el itinerario habitual de los viajeros románticos por Andalucía figuraban sus grandes ciudades históricas (Córdoba, Sevilla, Cádiz, Málaga, Granada,…) y, junto a ellas, Ronda. El recorrido de Gibraltar a Ronda, haciendo noche en Gaucín como uno de los más renombrados lugares de estos románticos, arribaban a Ronda a primeras horas de la tarde del día siguiente. El Camino Inglés era de los preferidos y más arriesgados, existía un camino alternativo siguiendo el Valle del Guadiaro y que se realizaba en un día aunque mucho menos sugerente para estos audaces viajeros.

Ronda era para los viajeros románticos un lugar insólito, y desplazarse hasta ella constituía una experiencia aventurera que servía para descubrir algunos de los elementos “atávicos” de la cultura del Sur de Europa, que ya habían desaparecido en sus países de origen.

Por el camino se corría el riesgo de encontrarse con arrieros, contrabandistas y bandoleros que poblaban los caminos. Los arrieros, gente tosca y a veces peligrosa proveían al viajero de reatas de mulas expertas en esas veredas y caminos distribuyendo todo tipo de mercancías a los habitantes de la zona. Los contrabandistas, personajes cercanos y familiares de los serranos, comerciaban con telas, vestidos, tabaco y todo tipo de productos que saltándose a los aduaneros, a veces compinchados con ellos, introducían la mercancía desde Gibraltar sin pagar impuestos y llegaban a veces hasta la capital del reino haciendo oídos sordos las autoridades inglesas ante las quejas de las españolas. Por último los bandoleros, figura importante para románticos e idealizados por estos, eran personajes considerados entre forajidos y héroes a los que casi solamente se les conocía de oídas, venteros, posaderos, muleros y otros viajeros se encargaban de difundir sus hazañas no siempre ciertas y que nuestros viajeros esperaban encontrar detrás de tajos o arbustos no sin cierta inquietud mezclada con fantasía. Se aconsejaba a nuestros románticos viajasen con una cantidad mínima de dinero, relojes y ropas para ser entregados a ellos y siendo de gran frustración si al final del viaje no hubiesen topado con ellos y sin ser atracados. José Maria “el Tempranillo” del que se dice desvalijó a más de ciento diez viajeros en una mañana de camino a la feria de Ronda y Frasquito de la Torre y sus once bandidos fueron los más nombrados entre ellos.

Grabado de SevillaAlgunas de las frases que escribieron estos viajeros sobre Ronda: “Recuerdos históricos, leyendas populares, raros monumentos, costumbres diferentes, efectos sublimes de una naturaleza grandiosa, caminos difíciles e ignorados, Ronda posee todo cuanto puede atraer la curiosidad del temerario viajero.” Antoine de Latour (1848) Études sur L’Espagne.

“Ha habido una tormenta esta noche, viento y lluvia. Miro por la ventana: es hermoso el efecto de la luz de la luna quebrando la niebla en el puente. Cuelgan blancas viviendas, que siguen el curso del río en el fondo del abismo…” Washington Irving (1828) Journal

“La histórica Arunda, se alza sobre impresionantes rocas a ambos lados del espumoso Guadalevin, que abajo serpentea. Uno de los arcos del Puente de 276 pies soberbiamente construido, da paso al río. Produce mareo mirar al fondo.” Alfred von Wolzogen (1852) Reise nach Spanien.

“El aire de la montaña, el creciente sol, el apetito, la variedad de cosas y personas pintorescas que encontrábamos y el inminente peligro, trocaban mi vida en una delicia,” Benjamin Disraeli (1830) Home letters.

“Es la maravilla de Ronda, es el Puente, no tiene otro nombre: se le llama el Puente, al igual que a Roma se le conoce por “La Villa”. El Puente es Ronda.” Anatole Demidoff Souvenirs d’un voyage exécuté en 1847.

« Toda mi vida me perseguirá ya la visión de Ronda. Su Puente, levitando entre el cielo y el averno, sus aguas abismadas, sus montañas barnizadas de ocre y humo, sus hombres tostados como su tierra: ese fantástico recuerdo será eterno gozo de mis noches en vela.” Marqués de Custine (1831) L’Espagne sous Ferdinand VII.

“Pasados los tres días de la feria, se disipó la multitud que congestionaba Ronda. Me sentía mejor con la soledad que tan bien se acomodaba al carácter romántico del paisaje. El Tajo era uno de mis destinos favoritos.” Edmond Boissier (1837) Voyage botanique dans le Midi de L’Espagne

Rutas de Andalucía romántica

Casa del Gobernador de Harrier Ford, siglo XIX

Los bandoleros, contrabandistas y flamencos son protagonistas principales de la atmósfera legendaria que envuelve a la Andalucía romántica. Personajes como José María El Tempranillo o lugares como la Cueva del Gato forman parte de esta mitología.

El romanticismo eligió Andalucía y la reinventó. Su paisaje montañoso y multicolor, sus recónditas y arriesgadas sendas, sus misteriosas ruinas, el trazado árabe de sus pueblos y ciudades, y, sobre todo, su ambiente vivo y popular atrajeron la sed de aventura y la moda viajera de unos europeos que huían del racionalismo y la modernidad.

Ingleses, franceses y alemanes navegaron y cabalgaron a lo ancho y largo de Andalucía, en busca de contrastes y exotismo. No todos los viajeros eran iguales, sin embargo. Muchos preferían aquellas rutas que, además de mostrar atmósferas pintorescas y monumentos relevantes, eran seguras y contaban con transportes regulares.

Los libros de viajeros y las guías, que por aquella época empiezan a publicarse en Europa, orientaban sus itinerarios. Otros, por el contrario, optaban por sendas menos convencionales, en las que, a cambio de sufrir mayores incomodidades y peligros, tenían acceso a un mundo singular e inexplorado.

Tampoco toda Andalucía despertaba igual expectación. La sensibilidad romántica pone de moda unos monumentos y paisajes, y se desinteresa por otros.

Las ruinas y la arquitectura árabe y medieval son los reclamos de estos hombres que añoraban la recuperación del pasado a través de lo imaginario ; de igual modo, el paisaje agreste y duro, el precipicio, la montaña y, en definitiva, la atracción del abismo y la libertad de lo bravío, del campo sin rotura ni delimitar, son sus medios predilectos.

Rutas románticas en Andalucia

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